Alberto Conejero y la dramaturgia de las ausencias

Autor: Antonio Rincón-Cano || Fecha:   Conversaciones, Destacadas, Teatro

Entrevistamos a Alberto Conejero, autor de 'La piedra oscura', que ha llegado a lo escenarios en una coproducción entre el CDN y Lazona... Reconocido y premiado, Conejero nos habla de sus emociones y de sus inquietudes, de su forma de entender la escritura dramática: “Miro hacia atrás y me doy cuenta que mi obra es una dramaturgia de las sillas vacías, de los ausentes, de los fantasmas”.

Me acerco a Alberto Conejero (Jaén, 1978) con respeto. Con el respeto que hay que tener a alguien al que le apasiona su trabajo. Me acerco con el respeto que hay que tener a alguien que te ha metido entre tu carne y tus huesos un vendaval de emociones, un torrente de imágenes desgarradoras y un maremoto de cuestiones, de preguntas. Cuando alguien ha conseguido hacerte sentir vivo en la lectura de un texto dramático, sabes que ese alguien es mucho más que un dramaturgo, es un poeta. Pero como él mismo se pregunta: “La poesía pertenece al teatro desde los orígenes… entonces ¿cuándo expulsamos a la poesía del teatro?”. 

 


Dramaturgo y poeta, Alberto Conejero es licenciado en Dirección de Escena y Dramaturgia por la Real Escuela Superior de Arte Dramático y doctor por la Universidada Complutense de Madrid. Conejero ha completado su formación como dramaturgo junto a Juan Mayorga, José Luis Alonso de Santos y Alejandro Tantanian, entre otros. Desde 2008 es profesor de Escritura Dramática en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León

 

 

Galardonado en 2016 con el Premio Max de Teatro a la mejor creación original por La piedra oscura, obra con la que ya fue galardonado en 2015 con el Premio Ceres y en 2016 el Premio José Estruch, además ha ganado el III Certamen de Textos Teatrales de la AAT por Todas las noches de un día. En 2013 recibió el Premio Ricardo López de Aranda por su texto Ushuaia. En 2010 fue distinguido con el Premio Leopoldo Alas Mínguez de Literatura dramática por Cliff. En 2000 recibió el Premio Nacional de Teatro Universitario por Húngaros.

Alberto Conejero, dramaturgo.

 

La obra dramática de Alberto Conejero está alimentada, más que de un fuerte lirismo, de una fuerte poesía. No es lo mismo. “Creo en la materialidad del lenguaje en el teatro. Creo en la etimología de la palabra poesía que es hacer, trabajar. La palabra teatral tiene que estar sazonada, como decía Aristóteles. Yo creo en el teatro de los poetas. Para mí Chéjov es un poeta, Angélica Liddell es una poeta, una gran poeta. No sé cuándo expulsamos a la poesía del teatro porque le pertenece al teatro desde los orígenes. Confundimos lo lírico de lo poético”, asegura Conejero: “No distingo la poesía del teatro. Es mi combate: cuánta poesía admite el teatro y cuánto de teatro cabe en la poesía”. Pero que no nos confundan estas reflexiones, el teatro de Conejero no es un teatro críptico, es un teatro de emociones. “Yo quiero conmover con mi teatro, quiero emocionar con mi teatro”, sentencia el dramaturgo. Las obras de Alberto Conejero no tienen la voluntad de dejar fuera, de dar de lado, todo lo contrario, tienen el objetivo del encuentro. Lo interesante de los textos de Conejero es la tensión que provoca “la dureza y oscuridad de los temas con lo luminoso de lo poético”.

Dramaturgia de sillas vacías

 En Todas las noches de un día, ganadora del III Certamen para Textos Teatrales de la Asociación de Autores de Teatro, Conejero nos habla de la “recomposición de un recuerdo” y de hasta dónde puede pesar un recuerdo. Pero también nos habla de ausencias, como ocurre en Cliff (Acantilado), obra que considera medular en su producción aunque tuviera una repercusión menor que la que ha tenido y tiene La Piedra Oscura, de la que se han vendido 1000 ejemplares y que sigue llenando teatros después de dos años desde su estreno: “Yo miro hacia atrás y me doy cuenta que mi obra es una dramaturgia de las sillas vacías, de los ausentes, de los fantasmas”.

Y es que Conejero es un claro exponente de una idea que expresó de una forma muy acertada la directora norteamericana Anne Bogart: “Si el teatro fuera un verbo, ese verbo sería recordar”. Conejero asegura que uno no escoge sus temas, “los temas te escogen y según van acumulándose las obras te vas dando cuenta qué estás haciendo”. El recuerdo, la memoria y cómo componemos esa memoria son una constante en el teatro de Conejero: “Mi escritura dialoga con la potencia del recuerdo y la potencia de la ausencia. El recuerdo que regresa como un agonista de la vida., como un antagonista”

Hijos del azar

 Alberto Conejero, sin pudor y de una forma muy generosa, se desnuda para hablar de su proceso creativo, del momento que vive y de cómo afronta la profesión. “Uno va descubriendo el escritor que es y va haciéndose en ese descubrirse” y asegura que los dramaturgos son hijos del azar: “Yo no tenía un plan, uno no despliega una poética y dice esta va a ser mi hoja de ruta. Luego la vida va aconteciendo y te va modificando”.

Es un autor prudente, sabe que en algún momento puede que le toque el no-estar. Que una obra como La Piedra Oscura haya conseguido convocar lo que ha convocado y que haya sido bien recibida y bien abrazada no quiere decir que sea un salvoconducto que lo lleve a estar siempre en la escritura. Sabe, piensa, que para que una obra funcione hay muchos factores determinantes, desde el equipo que la conforma hasta el momento en la que se da al público. “Los dramaturgos somos hijos del azar”, dice. Pero sobre todo sabe que para que funcione se debe hacer, se debe montar, se escribe para poner en escena. “Puede venir un tiempo de no-estar. Y hay que aceptarlo, no hay productoras que vienen y me dicen: ¿qué tienes en el cajón? Que monten a un autor contemporáneo es difícil”.

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La obra ‘La piedra oscura’, en escena (CDN-LaZona).

Y en la conversación nos es inevitable pensar en Dentro de la tierra de Paco Bezerra que fue Premio Nacional de Literatura Dramática y en su propia Ushuaia, que tras lecturas dramatizadas en Nueva York, Madrid o Atenas y su traducción a otros idiomas como el francés, no ha encontrado montaje todavía. Pero Conejero no va a renunciar nunca a su escritura aunque tenga que montar sus obras él mismo: “Tendré que tomar esa decisión, me vienen el deseo de dirigirlas. El camino es igual de incierto que antes o más con todo lo que me ha regalado La Piedra Oscura. El privilegio que he vivido lo recibo con agradecimiento, pero con toda la prudencia y siendo consciente del olvido”. Por ese motivo abraza su otra profesión, la docencia, que disfruta, busca y halla.

Sobre las rupturas y la contemporaneidad

Es inevitable a un autor vivo y joven preguntarle por generaciones anteriores, su propia generación y sobre lo contemporáneo. En ese sentido Alberto Conejero es claro y clarificador al tiempo. “No creo en las rupturas. No creo en quemar las generaciones anteriores. ¿Qué es eso de una ruptura?”, explica, lo que hay que pensar es “qué diálogo establece la obra con la polis. ¿Es un diálogo reconfortante para la polis? ¿Estás siendo conservador en el peor de los sentidos o estás indagando en tu presente para generar asamblea? Eso no tiene que ver con la edad ni con la forma, tiene que ver con la voluntad de conmover, remover”. Reconoce que se tiende a las etiquetas y a confundir el juicio de gusto con el juicio de valor. Lo importante es saber “qué diálogo establece tu obra con tu tiempo”. La Piedra Oscura, como recuerda, ha conseguido congregar a un amplio público de diferente ideología y que medios conservadores se hagan eco de una función que reclama memoria histórica y justicia y que también habla de la homosexualidad, del amor entre hombres. Eso es lo importante de la función, “más allá de que haya gente que crea que la función es posibilista o aristotélica”, porque, como afirma el propio Conejero,”el teatro debe tensar la mirada del público.”

Ahora espera que le llegue su primer poemario publicado. Si descubres un incendio (La Bella Varsovia Editorial). Ha terminado una función después de tres años de la que no puedo desvelar nada y prepara otra sobre Josefina Manresa, la mujer de Miguel Hernández. Conejero reclama un mayor espacio para los autores vivos: “No puede ser que se apoye a los autores solo cuando algo funciona, porque entonces no quieres al autor, quieres el triunfo del autor. Apóyales cuando se equivoquen”. No nos podemos asentar en el utilitarismo, reflexiona Conejero, “¿qué hubiera pasado con Beckett o con Koltés o con Sarah Kane de haberlo hecho?”. El autor solo tiene palabras de admiración para coetáneos como María Velasco, Antonio Rojano, Pablo Messiez, “que mis coetáneos convoquen a un público me llena de felicidad, porque eso significa que ese público se puede acercar en otro momento a otro autor contemporáneo”.

Vilches, Jaén y Andalucía

Asegura que uno de los mayores regalos que le ha dado La piedra oscura es reencontrarse con su pueblo, Vilches, y poder dar el pregón de sus fiestas mayores. Un dramaturgo convocando a un pueblo para sus fiestas, parece que hablamos de otra época. Y es que sus paisanos se sienten orgullosos: “La cuestión autonómica tiene que ver con las emociones y tiene que ver con los pensamientos… Y es importante la visibilidad”. Y no puede evitar dolerle la “alarmante situación cultural” que vive Jaén, donde no hay ningún teatro en la capital de provincia con una programación estable. Tiene palabras bonitas para los autores andaluces que se quedaron en la trinchera del teatro andaluz, como Gracia Morales, y le une un número, el 78, a otros autores andaluces que trabajan cruzando Despeñaperros, como Paco Bezerra y Jose Manuel Mora, para unos y otros reclama una mayor voluntad por parte de la Junta de Andalucía para apostar por un teatro andaluz: “Tenemos las infraestructuras y el talento para que Andalucía se convierta en un eje teatral de este país, si esto no ocurre es por falta de voluntad y por una cuestión política”. Al escucharlo no puedo evitar que a mi mente se me vengan las palabras de su admirado Federico: “Un pueblo que no cuida y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo.”

Antonio Rincón-Cano

Autor: Antonio Rincón-Cano

Antonio Rincón-Cano tiene 11 artículos escritos.

Anne Bogart dijo: "Creo que la cultura es experiencia compartida y está en continuo movimiento". Pues me dedico a eso, a compartir experiencias y a ponerlas en movimiento en los teatros, en los medios, en las redes.