Leonardo Padura o cómo ser escritor en Cuba

Autor: Rafael Verdú || Fecha:   Conversaciones, Letras

El escritor cubano Leonardo Padura, premio Príncipe de Asturias, es una de las estrellas del certamen Cosmopoética que se celebra en Córdoba. El creador del detective cubano Mario Conde nos habla de muchas cosas, del futuro de Cuba, de su relación con el periodismo, con el cine y, sobre todo, del arte de escribir.

Leonardo Padura

Leonardo Padura @FPA

A Leonardo Padura (La Habana, 1955) no le gusta demasiado hablar sobre política. El creador de la saga del detective cubano Mario Conde –ocho novelas ya, traducidas a varios idiomas con notable éxito- escribe en su Cuba natal, sin preocuparse por el proceso de apertura, fracasado o no, que vive su país. “No soy ni militante ni disidente; no milito en ningún partido. Sólo describo lo que hay”, asegura el escritor. Tal vez por eso goza de una cierta libertad con pocos problemas con la censura en Cuba. De todo ello -de la libertad de creación en Cuba, de su personaje Mario Conde, de su relación con el cine…- habló Padura en una charla abierta en Cosmopoética.

Animado por un ambiente distendido, el escritor se atrevió a explicar su visión sobre el futuro de su país, aunque con una advertencia: “Hacer predicciones sobre Cuba es imposible”. Recordó los tímidos movimientos de apertura (las recientes visitas de Obama y de los Rolling Stones a La Habana o la apertura de una tienda de Chanel, símbolos del capitalismo occidental) y cómo han quedado bloqueados porque “alguien puso el pie en el freno”.

Pese a todo, Padura tiene claro que “necesariamente tiene que haber cambios profundos. Hay un elemento que está en el centro de todo: la economía. Y la de Cuba no funciona. Hay que cambiar y crear estándares económicos nuevos”. Para el escritor habanero, no se trata solo de la situación de la isla en sí, sino tambien de las presiones exteriores. Las crisis de Venezuela y Brasil, principales socios económicos de Cuba desde la caída de la URSS, han propiciado pequeños movimientos de apertura.

Todo eso “ya está reflejándose, pero ha habido pocos cambios y pequeños”, asegura. Por ejemplo, desde hace un tiempo en Cuba existe una lista de oficios que pueden desempeñarse libremente, pero “casi todos son del siglo XIX, como desmochador de palmas”, Padura dixit. Como buen habanero no le falta un fino humor, casi socarrón, para describir la realidad de Cuba. Pero bromas aparte, lo cierto es que la liberalización, por poca que sea, de la economía cubana ha permitido a ciertos sectores de la población acceder a nuevas fuentes de ingresos, especialmente en el turismo. El problema radica en que la mayor parte de los cubanos no tiene posibilidades reales de hacerse con un hueco en la nueva economía. Su conclusión es clara: “El tejido social, que en Cuba siempre ha sido compacto, se ha ido dilatando”. O sea, la desigualdad asoma en Cuba. De ahí que Padura defienda los cambios económicos.

Otra cosa es cómo afecta el régimen cubano a la libertad de expresión. Padura ha tenido problemas con la censura, sobre todo con la película Regreso a Ítaca (una “dolorosa visión sobre el destino de mi generación en Cuba”, como él mismo la define), de la que es guionista, que fue prohibida en Cuba y que sólo se ha proyectado una vez en el marco de un festival de cine; el libro homónimo, escrito junto al director del filme, Laurent Cantet, corrió peor suerte y aún no se ha editado en la isla. Y sin embargo, “yo escribo con absoluta libertad y llego hasta donde quiero llegar. Es un acto privado”. No tiene problemas con la censura, afirma.

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También diferente es la promoción que recibe Padura en su propio país. A pesar de no ser un escritor crítico con el régimen, sí que ha denunciado la realidad social cubana en algunas de sus obras, incluyendo la saga de Mario Conde. Padura pone como ejemplo la prácticamente nula atención que recibió por parte del Granma, el periódico oficialista cubano, por el Premio Princesa de Asturias que obtuvo el año pasado (fue poco más que un breve). Y aunque fuera de Cuba sus libros se venden por miles, dentro se hacen tiradas cortas. “Es una situación neurótica con respecto a mi trabajo”, afirma. “A veces todo depende del temor de un funcionario, pero en Cuba no hay una censura agresiva. Eso lo debo reconocer”, explica Padura.

De periodista a escritor de éxito

¿Qué hay de su formación como escritor? El azar, o circunstancias ajenas, fueron las que convirtieron a Padura en un escritor de éxito, porque en realidad él quería ser jugador de béisbol, el deporte nacional en Cuba (y es un experto en ese deporte). Durante su infancia, “mi actividad era jugar al béisbol, por la mañana, por la tarde y, si podía, por la noche”. De haber podido, se habría hecho profesional, “pero soy un mal jugador”, de modo que “decidí que quizás podría ser un cronista deportivo”.

Así que sus pasos se encaminaron hacia el periodismo, noble profesión que -hete aquí el azar- su país no le permitió estudiar. La planificación socialista en Cuba decidió que, justo el año en que Padura debía entrar en la Facultad de Periodismo, esta no abriría sus puertas. ¿El motivo? Que ya había suficientes plumillas, a juicio de Fidel. Por mor de la ingeniería social, Padura tuvo que estudiar en la Escuela de Letras. “Allí tuve que hacer dos carreras: la académica y la de las lecturas que no había hecho hasta entonces porque estaba jugando al béisbol”, se confiesa el autor de Vientos de La Habana.

Curiosamente, al final Padura terminó ejerciendo como periodista al terminar sus estudios a principios de los años 80. Cuba le permitió trabajar en el mismo oficio que le prohibió estudiar, pero aquello le sirvió para practicar un “periodismo diferente”. Sus reportajes, de largo aliento y centrados en cuestiones sociales (como uno sobre el barrio chino de La Habana, por poner un ejemplo), aún se publican en Cuba.

A principios de los 90 comienza la relación de Padura con el cine, primero como guionista de documentales (alguno para TVE). Por las mismas fechas escribe la primera novela de Mario Conde –Pasado perfecto-, personaje que le ha ocupado los últimos 25 años y que le impidió seguir escribiendo guiones. Así hasta que “en los últimos años he tenido más relación” con el séptimo arte. Ahí están la ya citada Regreso a Ítaca o Siete días en La Habana (un fresco que narra la vida cotidiana en la capital cubana, en el que han participado directores como Benicio del Toro o Julio Medem), además de una tetralogía para televisión sobre su detective Mario Conde que se titulará Cuatro estaciones en La Habana.

A Leonardo Padura el cine le apasiona, “es casi adictivo”, pero ve elementos contradictorios: “Me gusta escribir para imaginar y dar forma a un guión, pero detesto el cine porque pierdo mi libertad como escritor”. Mientras que un novelista es dueño y señor de sus obras y “toma las grandes decisiones” -incluso con la censura por delante-, en el cine “hay dos entidades por encima del escritor, el director y el productor”. El habanero recuerda una anécdota con el productor de Pasado perfecto, en cuyo original se alternan las escenas actuales y las de otros tiempos: “Me dijo que no habría ni una escena del pasado porque no tenía dinero para filmar eso”. Y así se quedó.

Así que Leonardo Padura se resigna -con humor, eso sí- al justificar su relación con el cine, los directores y los productores: “Cuando uno escribe para el cine debe ponerse su segundo mejor traje”. La frase no es suya, sino de uno de los grandes maestros de la novela negra y también guionista de Hollywood, Raymond Chandler. Pero qué más da.

Rafael Verdú

Autor: Rafael Verdú

Rafael Verdú tiene 8 artículos escritos.

Rafael Verdú es periodista con más de 20 años de trayectoria profesional. Ha trabajado en diarios y diferentes empresas e instituciones en las provincias de Córdoba, Huelva, Cádiz y Sevilla. Está especializado en información cultural.