La aventura más larga de Don Quijote

Autor: Zhang Xiaoxiao || Fecha:   Firmas, Letras, Magazine, Varios

'El Quijote' es hoy en día una obra muy extendida en China, donde existe un boom del aprendizaje del idioma de Cervantes que excede del mero interés político o económico... El primer Quijote traducido del español al mandarín lo realizó Yang Jiang, reconocida escritora y traductora que falleció a la edad de 105 años hace escasos días, el 25 de mayo de 2016

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En la dedicatoria al Conde de Lemos de la segunda parte de El Quijote, Cervantes le advertía a su mecenas, con notable ironía, de que las aventuras de Alonso Quijano se habían hecho tan famosas allende los mares que hasta el mismísimo emperador de la China pretendía publicarlas y emplearlas para enseñar el español en el país del río Amarillo, con el propio Cervantes como director de tal academia. En realidad, Cervantes respondía así al Quijote apócrifo de Avellaneda, quien se burló del de Alcalá por haber citado en la primera parte sitios tan remotos como Trapisonda o las Indias.

Poco podía imaginar Cervantes, en 1615, que sus fantasías se harían realidad -el instituto que lleva su nombre ya cuenta con dos sedes en Pekín y Shanghái-. ‘El Quijote’ es hoy en día una obra muy extendida en China, si bien los traductores chinos aún tardarían más de tres siglos en volcarla a la lengua de Confucio, en un largo y complicado proceso que tiene mucho de quijotesco.

La primera traducción al mandarín de las andaduras de Don Quijote apareció en 1922, más de 300 años desde su publicación por primera vez en España. La traducción corrió a cargo de Lin Shu y Chen Jialin y se titula Mo Xia Zhuan, que significa, literalmente, “Crónica de un héroe enloquecido”. Sin embargo, ninguno de los dos hablaba español y fue un trabajo traducido del inglés al chino por Chen -en chino el apellido se escribe delante del nombre- en voz alta, mientras su compañero, Lin, lo interpretaba de oídas para después poner la histoira por escrito en chino antiguo. Es decir, se produjeron, por lo menos, tres procesos interpretativos para que viera la luz esta primera versión del Quijote en China: del español al inglés, del inglés al chino oral y de éste al chino escrito antiguo. No es difícil imaginar las deficiencias e incorrecciones en esta traducción de la primera parte del Quijote. No obstante, su importancia radica en que fue a partir de esta versión cuando la figura del caballero de la Mancha se dio a conocer en el lejano país asiático.

Si tenemos en cuenta que la primera traducción del Quijote -del español al inglés- se produjo en 1612, gracias a Thomas Shelton, la llegada de Alonso Quijano al continente chino resulta muy tardía en comparación, lo cual se debe más al aislamiento de China -no solo política y económicamente, sino también culturalmente- durante siglos que a la gran diferencia idiomática entre el castellano y el mandarín. El debut del Quijote en el escenario chino está estrechamente vinculado con el Movimiento de Nueva Cultura, iniciado en 1919 por un grupo de intelectuales chinos que habían recibido tanto la educación tradicional china como la occidental. Las propuestas esenciales de dicho movimiento consistían en negar el centrismo chino y el valor del confucionismo al tiempo que proclamaban los principios ideológicos occidentales, centrados, sobre todo, en la democracia y la ciencia. Del Movimiento de Nueva Cultura surgió un boom de las traducciones de obras occidentales, entre las cuales se encontraba Don Quijote (“táng jí hē dé” en pinyín).

Traducciones

La idea de traducir por primera vez directamente del español al chino no surgió hasta la década de los 40 del siglo XX y se debe al poeta simbolista chino Dai Wangshu, quien aprendió el español mientras estudiaba en las universidades de París y Lyon en los años 30. Al parecer, Dai no era un estudiante muy asiduo a las clases, pues prefería dedicarse a traducir obras literarias, tarea a la que dedicaba casi todo su tiempo libre. A pesar de estudiar en Francia, el poeta se interesó más por el país de Cervantes que por el de Flaubert. Ya antes de desembarcar en Europa, Dai había traducido y publicado obras de Blasco Ibáñez y fue el primero en mostrar a Azorín al público chino. En octubre de 1933, Dai emprendió un viaje a España en tren desde Lyon. Además de los monumentos turísticos, los sitios que más frecuentó durante su estancia en España fueron las librerías y bibliotecas, en las que adquirió obras de Azorín, Baroja, Lorca y, por supuesto, ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’. De este último se hizo con más de una edición y a partir de entonces comenzó a plantearse la posibilidad de traducirlo al mandarín directamente desde el español.

Dai Wangshu

Tras su regreso a Francia, Dai fue expulsado de la Universidad de Lyon, probablemente por su continua ausencia de las clases, si bien otras fuentes indican que el verdadero motivo fue su activa participación en los movimientos antifascistas en Francia y España.

Su labor de traducir el Quijote no comenzó hasta su regreso a China, gracias a la recomendación de Hu Shi, uno de los principales líderes del Movimiento de Nueva Cultura. Esta traducción, además de ser la primera realizada directamente del castellano, incluyó, por primera vez en chino, la segunda parte de las aventuras del caballero andante, ignorada en las versiones anteriores. Pero, lastimosamente, parece que la caminata del Quijote a China aún no había terminado: los manuscritos con la traducción de Dai, que según los que la habían leído era extraordinaria, se perdieron en el camino debido a la Guerra Chino-Japonesa (1937-1945). Otras fuentes apuntan que una parte de los textos traducidos se había perdido en España cuando el poeta participaba en las manifestaciones republicanas durante su viaje en la década de los 30.

Así pues, aún habría que esperar hasta 1959 para disponer de la primera traducción íntegra del Quijote al chino, a cargo de Fu Donghua, escritor y traductor reconocido chino del siglo pasado; sin embargo, Fu tradujo desde el inglés en lugar de emplear el original de Cervantes. Los posteriores intentos por traducir el Quijote directamente desde el español se detuvieron a causa de la Revolución Cultural China (1966-1976), movimiento catastrófico para la sociedad y el desarrollo cultural, en el que cualquier ciudadano corría el riesgo de ser acusado de derechista y burgués.

El primer Quijote traducido del español al mandarín lo realizó Yang Jiang, reconocida escritora y traductora que falleció el 25 de mayo de 2016 a la edad de 105 años (Yang nació, curiosamente, el mismo año que la República China). Yang recibió el encargo de la traducción en 1956 y comparó cinco versiones distintas del Quijote en inglés, francés y alemán, encontrando muchas diferencias entre ellas. Por lo tanto, Yang decidió estudiar el español para poder traducir desde el texto original.

Yang Jiang

La traducción de Yang no se publicó hasta 1978, poco después de la finalización de la Revolución Cultural y al inicio de la apertura de China al exterior. Fue el mismo año en que China recibió la primera visita de los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía; Deng Xiaoping, líder político de la segunda generación comunista china, les regaló aquella primera versión del Quijote en chino -además de la osa Shao Shao, madre del popular “panda de Madrid”, Chu Lín-. En 1986, Yang Jiang recibió la medalla de la Orden de Alfonso el Sabio en agradecimiento por su importante labor de promover la cultura española en China. La traducción de Yang fue la más apreciada y conocida durante décadas por su lenguaje fluido y encanto estilístico, lo cual tiene mucho que ver con el gran dominio de la lengua china y los conocimientos de la cultura y la literatura occidentales de la escritora.

Entre las numerosas ediciones y traducciones del Quijote que se publicaron posteriormente, la más influyente y al mismo tiempo polémica fue la del hispanista de renombre Dong Yansheng, publicada en 1995 por la editorial Cultura y Arte de Zhe Jiang. En un principio, Dong no se atrevió a aceptar el encargo, pero al comparar las versiones en chino ya existentes con el texto original de Cervantes, descubrió numerosos errores obvios que se vio capaz de corregir gracias a su larga experiencia como docente del castellano desde los años 60 del siglo XX. La traducción más criticada por Dong ha sido, curiosamente, la de Yang Jiang. El profesor y catedrático en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing señaló sin eufemismos y en varias ocasiones los fallos presentes en el trabajo de la escritora. Según Dong, “los chinos solemos respetar en demasía a los maestros para indicar sus fallos, pero creo que esas conductas impiden los avances y tampoco les hacen bien a ellos. Ahora utilizo la traducción de Yang como ejemplo deficiente para que mis alumnos no vuelvan a cometer los mismos errores”. La traducción de Dong ha sido recibida con un aplauso casi unánime por parte tanto del mundo académico como de los lectores.

Dong Yansheng 2

Valgan las siguientes palabras del mismo hispanista sobre sí mismo para hacerse una idea de su personalidad: “Una de mis características es que no tengo centinelas en mi lengua, o sea, me encanta ser lo más sarcástico y cruel posible cuando hablo, lo cual tendrá algo que ver con el hecho de que me he criado en Xin Jiang, sitio culturalmente menos desarrollado que otras zonas en China; por lo tanto, no me han educado como a un buen caballero confucionista, que sabrá mejor disimularse ante distintas circunstancias”.

La influencia del Quijote en China

Y ahora, sabiendo ya algo de la tardía y difícil llegada del ingenioso hidalgo al gigante asiático, uno se puede preguntar: ¿qué pensamos los chinos cuando hablamos del Quijote?

Evidentemente, no es una pregunta fácil. En el campo literario chino, la única obra comparable con la de Cervantes, en cuanto a su influencia, es ‘Sueño en el pabellón rojo’, que ha dado lugar a todo un campo de estudios llamado en chino “rojología”.

Cuando el Quijote llegó a China por primera vez en los años 20 y 30 del siglo XX, causó más reproche que admiración, porque fue visto como un personaje cómico y ridículo. Una de las primeras voces en señalar la otra imagen del Quijote fue la del intelectual Zheng Zhenduo, quien, en su obra Los principios generales de literatura en 1927, comentó: “Cervantes empezó el libro con risas y lo terminó con rezos. […] Sin embargo, entre las numerosas risas causadas por el personaje, nos conmueve sin que nos demos ni cuenta, y de ahí sentiremos la grandeza del Quijote”.

En 1928, el escritor ruso Iván Turguénev publicó un artículo sobre Hamlet y Don Quijote en la revista Pen Liu -“torrente” en chino- en el que reconoció lo risible y cómico que era el caballero de la Mancha, pero al mismo tiempo indicaba que se trataba de un personaje muy querido e, indiscutiblemente, un luchador que rechazaba la realidad en todas sus manifestaciones.

Más tarde, a raíz de la Guerra Chino-Japonesa, la crítica se dejó de interesar tanto por el significado y la interpretación del Quijote, porque lo cómico de su comportamiento y su locura no guardaba relación alguna con la apremiante cuestión de vida o muerte nacional.

El interés por el Quijote no se renovó hasta 1955, con motivo del 350 aniversario de la publicación de la primera parte del libro. Los críticos, influidos profundamente por el materialismo dialéctico marxista y las opiniones de los intelectuales rusos, empezaron a identificar la magnitud filosófica y social del Quijote y coincidieron en la complejidad y el sentido paradójico del personaje. Sin embargo, casi todos los estudios críticos se limitaron al ámbito sociocultural hasta que la escritora y la propia traductora de la obra de Cervantes, Yang Jiang, empezó a estudiar la obra desde una perspectiva textual.

A partir de la década de los 80, a medida que se incrementaban las comunicaciones tanto económicas como culturales y se introducían las últimas teorías literarias, los estudios acerca de Cervantes y sus obras empezaron a encaminarse hacia investigaciones comparativas con mayor rigor científico y mejor acceso a la documentación.

Pero la verdadera repercusión de una obra literaria no se mide exclusivamente dentro del campo académico o crítico, sino también por su influencia entre las personas que han leído el libro e incluso las que sólo han oído hablar de él. Podemos citar algunos ejemplos que demuestran la influencia del Quijote en China: el profesor Dong Yansheng ha afirmado que el primer presidente de la República Popular de China, Mao Zedong, utilizaba a veces la palabra “quijotada” para referirse a la utopía que planeaban emprender algunos de sus compañeros; hace menos de un año, cuando la escritora taiwanesa Qiong Yao llegó a los tribunales con el guionista Yu Zheng -acusado de plagio por aquélla-, Qiong Yao admitió sentirse igual de inocente y solitaria como el caballero andante de la Mancha; la crítica especializada denominó al protagonista de la película china Mr. Six (estrenada este mismo año) como “el Quijote de los hutong” -callejones típicos del casco antiguo de Pekín- porque él, igual que el hidalgo que vivía a destiempo bajo los principios éticos de una época pasada, creía que podría sobrevivir con una ética trasnochada en un mundo cambiado y cambiante. En resumen, el Quijote, junto con su ideal y su permanente lucha por la libertad y justicia, viene desde hace tiempo configurándose como otra figura estereotipada para el público chino, al igual que Hamlet o Fausto, entre otros.

Hoy en día, no se puede negar que en China existe un boom del aprendizaje del idioma de Cervantes, que excede del mero interés político o económico y resulta en un intercambio cultural cada vez más interesante entre China, España y todos los países americanos del habla castellana. Tal y como afirmó uno de los mayores poetas del siglo XX, Federico García Lorca, en 1931, al inaugurar la biblioteca de Fuente Vaqueros: “No sólo de pan vive el hombre”, porque las reivindicaciones culturales y morales son igual de urgentes -o más- que las económicas.

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Autor: Zhang Xiaoxiao

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